Ana Peleteiro, con tranquilidad a la final de triple

Por si fuera poco el bochorno de competir a 34 grados a las once de la mañana, Ana Peleteiro tuvo que esperar media hora aún para dar su primer salto, 14 metros y 27 centímetros que la catapultaron directamente a la final de triple. El sistema de medición electrónica se estropeó nada más comenzar la eliminatoria y Peleteiro tuvo que refugiarse del castigo del sol en unas casetas diminutas, tapándose ella y el resto de atletas con toallas, gorras, con lo que podían. Pero ella se lo tomó con filosofía. “En otras circunstancias me hubiese dado un ataque de nervios”, dice la atleta gallega constatando el cambio en la mentalidad que le proporciona en parte la larga experiencia internacional que acumula con tan solo 22 años.

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El factor decisivo ha sido su entrenador, quien este miércoles estuvo más nervioso que ella en la competición. “Conmigo, Iván está acostumbrado a no saber hasta el final si me clasifico o si hago nulos”. Hoy, en cambio, fue su día de buena suerte, el good luck que con el que los entrenadores suelen despedirse del resto de atletas en el momento en que su discípula hace la marca mínima para la clasificación: 14,05m, superados de sobra en Berlín. “Encima el salto no fue bueno”, aclara Peleteiro. “Los dos primeros apoyos los hice bien pero el tercero no y por poco caigo de boca. Hacer 14,27 cayendo de boca está muy bien”.

Además del bochorno y la espera, la discípula de Pedroso llegaba a la eliminatoria con menos horas de sueño de lo que hubiera sido deseable. “Me levanté con dolor de cabeza, pero me tomé un paracetamol y ya está. Tendré que dormir menos…”. Es otro ejemplo de la serenidad con la que afronta ahora los retos, concentrada, a lo suyo, en una burbuja, sin fijarse como antes en sus rivales, en María Vicente que competía en paralelo, sin preocuparse por lo que hacen las favoritas, como la griega Paraskeví Papahrístou, que se fue a los 14,49 metros, nada menos. “¿Y qué? Yo he saltado 14,55 m. He estado tranquila y relajada, cuando hay que darlo todo es en la final”, saca el genio Peleteiro.

Con ese genio, “algo asilvestrada” prefiere decir ella, llegó en 2016 a las manos del astro cubano, Iván Pedroso, que le ha ido marcando una disciplina y una dirección, y hoy es una de las opciones más claras de medalla de la selección de Ramón Cid en estos Europeos. “Todas las rivales están muy fuertes”, matiza Peleteiro. “Pero la pista está increíble y se salta mejor que en el Mundial de Londres. Allí solo aplaudían a los suyos, aquí aplauden mucho más. Se nota que a este público le gusta el atletismo”.