Cómo aprender ciencias bailando y cantando

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Los niños entran en clase. Llegan alborotados, nerviosos y no paran de hablar y gritar. Se van sentando en una alfombra al final del aula y comienza a sonar el piano. Acto seguido el silencio reina. Todos descansan y escuchan atentos la melodía. Así comienzan todas las lecciones de Marino Sáiz. Este profe de ciencias de primero y segundo de primaria –y músico profesional– no utiliza los libros ni las sillas. Los niños se mueven, cambian de sitio, bailan, hablan, se expresan… “Una clase sin ruido no es una clase viva. Eso no significa que los niños griten ni que no exista un orden. No es el recreo y no se trata de disfrutar por disfrutar, pero tienen que ser felices en clase”, asegura Sáiz. Para él, que exista un acompañamiento emocional positivo en el aula es esencial para crear un colchón de emociones que permita que “el niño se abra y sea mucho más esponja”.

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