Gustavo Hernandez renuncia a candidatura al Pabellón de la Fama

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Gustavo Hernandez renuncia a candidatura al Pabellón de la Fama


Quiero utilizar este medio para informarle a la comunidad deportiva dominicana la renuncia a mi candidatura a ser exaltado en el pabellón de la fama del deporte dominicano. Siempre he tratado de ser coherente conmigo mismo y al haber desarrollado desde hace unos años un concepto tan pobre de la institución, no albergo dentro de mi el más mínimo deseo de pertenecer a la misma, ni en el presente, ni en el futuro.

Son demasiados los hechos grotescos relacionados a esta institución de los que he sido testigo en los últimos años. Cuesta creer que entre quienes deciden quien es exaltado hay gente que no tiene conocimientos especializados ni siquiera de un solo deporte. A finales del 2018 me encontré de manera fortuita con miembros votantes y para mi sorpresa, me percaté de que ni siquiera sabían mi disciplina, así como las de otros grandes deportistas, que al igual que yo, ya teníamos varios años quedando entre los finalistas habiendo sido votados varias veces para ser escogidos.¡ Algo inaudito, digno de una obra de ciencia ficción! Y ahí solo votan doce….imagínese usted que chance pudiera tener uno y que legitimidad tienen esas escogencias cuando algunos, en lugar de investigar para compensar su escasez de conocimientos, hacen tan pobremente su tarea y no valoran tan delicada responsabilidad.

Lo que sucedió este año es de una pobreza intelectual y espiritual dificil de cuantificar. Un servidor, a quien Dios le dio la oportunidad de darle a su Patria una medalla olímpica, un campeonato mundial, uno panamericano y otro centroamericano y del caribe y ser poseedor de la mayoría de los récords del ajedrez dominicano, entre otros muchos logros, y que además fue presidente de su federación, autor de par de libros e instructor en más de diez instituciones, entre otros muchos aportes, ya tenía una buena cantidad de años siendo elegible para su exaltación, pero este excelso pabellón prefirió escoger a otra persona de mi disciplina de méritos extraordinariamente inferiores que estaba apenas en su primer año de elegibilidad.

Ningún hombre debe guardar silencio de manera indefinida ante tantas injusticias y el año pasado decidí escribir una carta para arrojar luz sobre los muy cuestionables métodos de una institución que ha sido muy criticada por años, a sabiendas de que muy dificilmente sería escogido tras escribirla, por la legendaria fama de intolerante del pabellón, pero como ni mis valores ni mi felicidad dependen de una exaltación, opté por hacerla, citando catorce puntos donde la institución pudiera ser mejor. En lugar de recibirla con humildad y autocrítica, muchos entienden que su respuesta fue inmortalizar gente por despecho y ansias de desquite contra mi persona en este 2019, aunque esto posiblemente haya ido en perjuicio de deportistas más meritorios de varias disciplinas. Nunca seré inmortal de esa institución, pero no por falta de méritos, sino por las aberraciones que se dan allí.

Mucha gente tiene la fuerte impresión de que las relaciones personales pueden pesar allí más que el mérito y cuando ve un atleta extraordinario con cerca de diez años sin ser exaltado se pregunta, ¨y cuál es el enemigo que tiene allá dentro?¨ Yo puedo afirmar que en el pabellón hay alguien que me odia desde que soy un adolescente y no porque le haya hecho un mal. Alguien que, como las hienas, se ha pasado la vida dándole vueltas al odio y a la envidia y que entiende que será menos miserable si puede oponerse a que alguien reciba lo que se ganó en buena lid colocando la bandera tricolor en alto durante décadas.

De cada cincuenta personas con las que uno habla acerca del pabellón cuarenta y nueve lo critican y una se abstiene, solo una transformación radical cambiaría tan triste status. Si en Cooperstown votan escritores de béisbol y en los Casandra Acroarte, por qué ahí no vota la gente que más sabe de deportes del país? La comunidad deportiva dominicana no se siente representada por votantes que se escogen entre ellos mismos, incluyendo familiares en ocasiones. Un reconocimiento es una comunión entre dos seres donde no solo el reconocido debe tener méritos, sino también el que lo da.

Varios deportistas de grandes trayectorias y muchos años siendo elegibles despotrican contra el pabellón en privado, pero públicamente guardan silencio para no despertar animadversión, esperando que algún día se acuerden de ellos y los exalten, mientras sus cabezas se van cubriendo de canas, pero mi concepto de la dignidad personal me impide accionar de tal forma.

No quiero cuestionar como Dios hace sus jugadas….de haber sido exaltado sería uno entre cientos y todo seguiría igual, es posible que sea más útil dando a conocer todas estas atrocidades. A pesar de la buena dosis de perversidad que ha habido en mi caso, cierro este capítulo sin rencores y sin mirar hacia atrás, agradecido de tantas bendiciones dentro y fuera del deporte, con la frente en alto y siempre dispuesto a servirle a mi país donde me necesite.

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Fuente:Manolito en el Play