lunes, febrero 6, 2023
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Así trabaja la tiranía iraní para atacar a la comunidad judía en América Latina

Mohammad Reda Anssari es un terrorista iraní sin rostro conocido que opera la Unidad 840 apostada en Siria. Esa unidad de elite responde a la Fuerza Quds, que es el brazo ejecutor de todos los actos de terrorismo internacional que diseña y financia la República Islámica de Irán. Entre otros actos terroristas, Mohammad Reda Anssari lideró el intento de asesinato de dos empresarios israelíes en Colombia, y su objetivo clave en América Latina es ejecutar blancos judíos señalados por el estado mayor de la Fuerza Quds en Teherán.

La Unidad 840 de la Fuerza Quds es secreta y tiene una estructura flexible de operaciones que utiliza delincuentes locales para ejecutar actos terroristas a nivel global. Sucedió cuando intentó asesinar a un periodista en Francia y un general de los Estados Unidos en Alemania.

Hace dieciocho meses, Mohammad Reda Anssari -jefe de la Unidad 840 en Siria- recibió la orden desde Teherán de ejecutar a dos empresarios israelíes que vivían en Colombia. La operación se montó con mano de obra local y fue coordinada por Rahmat Asadi, un terrorista iraní que hacía inteligencia global actuando como jugador de paintball.

Rahmat Asadi conoció a dos colombianos que robaban joyas en una cárcel de Dubai, y cuando recuperaron la libertad, los delincuentes de origen latinoamericano se pusieron a disposición de la Unidad 840. Un informe reservado del Gobierno de Colombia asegura que Asadi acordó un pago de 100.000 dólares para los dos sicarios, que son mencionados con los alias Andres K y Jimmy.

Bajo las instrucciones directas de Rahmat Asadi, los operativos Andres K y Jimmy hicieron un trabajo de inteligencia para determinar los hábitos de los empresarios israelíes y sus familiares directos, y además contrataron a miembros de una banda local para ejecutar a las víctimas. Asadi -por instrucción de Mohammad Reda Anssari- ya había adelantado un pago de 20.000 dólares.

En un esfuerzo coordinado por el Gobierno de Colombia y más de diez agencias de inteligencia de Occidente y Medio Oriente, los dos empresarios israelíes y sus familias pudieron huir de Bogotá en un avión charter que partió bajo estrictas medidas de seguridad.

Mohammad Reda Anssari continúa operando desde Siria bajo la atenta mirada de los servicios de inteligencia de Occidente, mientras que Rahmat Asadi se refugió en Irán e Interpol emitió una circular roja para coordinar su captura internacional.

Ese dossier reservado asegura:

“La Oficina Federal de Investigaciones (FBI) desea transmitir la siguiente información sobre la asociación de Gholamreza Ghasemi con los grupos terroristas designados, la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní (IRGC-QF) y Hezbollah. Gholamreza Ghasemi es CEO y miembro del Consejo de Administración de Fars Air Qeshm. Además de su posición, Ghasemi también es piloto”.

Y añade el reporte para completar la información clasificada: “Fars Air Qeshm fue señalada por el Tesoro de los Estados Unidos en 2019 debido a su participación directa en la actividad terrorista y la asistencia que proporciona a la Fuerza Quds y a la aerolínea iraní Mahan Air, que han sido señaladas como entidades terroristas”.


La justicia federal de la Argentina considera que ese avión venezolano-iraní pudo haber facilitado tareas de inteligencia o colaborado para preparar actos terroristas en América Latina y por eso aceptó el pedido de decomiso del Boeing747-300M – matrícula YV3531- solicitado por la corte del Distrito de Columbia (Washington).

Ese pedido aún depende de una decisión política del gobierno argentino que aún analiza con muchísima cautela.

El fallido asesinato de los dos empresarios israelíes que vivían en Bogotá, el raid del avión venezolano-iraní que salió de México, visitó Paraguay y Aruba, intentó llegar a Uruguay y finalmente fue incautado en la Argentina, más las constantes operaciones de lavado de dinero de Hezbollah en Ciudad del Este, exhiben la creciente actividad del terrorismo de Teherán en América Latina.

En Siria, bajo las órdenes de Mohammad Reda Anssari, la Unidad 840 analiza qué operación terrorista se puede ejecutar en la region contra blancos judíos. Asume que las fronteras son porosas, que se pueden contratar con facilidad a sicarios locales, y que Venezuela, Cuba y Nicaragua son santuarios a los que se puede acceder con escasa dificultad para encontrar un refugio seguro.

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