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Un virus que se transmite por aire o por mosquitos: las hipótesis de la próxima pandemia que «puede ocurrir en cualquier momento «

Aunque parece que la pandemia de la Covid-19 se produjo hace mucho tiempo, la realidad es que solamente han transcurrido tres años desde que estalló y menos de dos meses desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el fin de la emergencia sanitaria internacional. Desde entonces, el organismo se mantiene alerta ante la próxima pandemia, de la que avisaron hace meses.

Fue el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien dio la voz de alarma en mayo durante la Asamblea Mundial de la Salud celebrada en Ginebra, en la que aseguró que «aún sigue existiendo la amenaza de que aparezca otra variante que provoque nuevas oleadas de enfermedad y muerte». Además, indicó que todavía «sigue existiendo la amenaza de que aparezca otro patógeno con un potencial más mortífero«.

Sin embargo, el virólogo e investigador del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, Juan García Arriaza, ha indicado a 20minutos que a pesar que de este mensaje pueda resultar alarmista, es algo que «se sabe que volverá a ocurrir, probablemente más pronto que tarde, y que ha pasado en la historia de la humanidad muchísimas veces». Por este motivo, considera que resulta fundamental concienciar a la sociedad y a los líderes de los países sobre la posibilidad de una futura pandemia, la cual podría producirse con «un virus que se trasmita por el aire, como sucedió con el Coronavirus».

La gripe aviar, uno de los grandes temores

La OMS elabora una lista desde hace años con los patógenos con potencial pandémico. De hecho, la que publicó en 2019 ya advertía sobre los coronavirus. Esta lista se realiza en base a la probabilidad de que estos puedan infectar al ser humano, a su modo de transmisión, y a otros factores. La mayoría de los patógenos son virus y se transmiten por vías respiratorias, por vectores como los mosquitos o por contacto directo con fluidos. Entre los virus que se transmiten por vías respiratorias se encuentran la Covid, el SARS, el MERS e incluso la gripe, así como también sus respectivas variantes. De hecho, el virólogo reconoce que uno de los grandes temores es «un virus de la gripe que pueda ser transmitido de una forma relativamente fácil entre personas y con un alto porcentaje de mortalidad«.

Según indica el experto, existen virus que son mucho más fáciles de controlar que otros. El genoma del Coronavirus está formado por una única cadena de RNA y por esta razón «es relativamente sencillo de controlar», mientras que el virus de la gripe «es morfológicamente más complejo porque su genoma contiene ocho segmentos que pueden recombinarse» y por ende, resulta más difícil de controlar. De hecho, recuerda que a pesar de que el virus de la gripe se conoce desde hace años «hoy en día no tenemos una vacuna universal que controle la enfermedad».

Debido a su complejidad también resulta posible que se recombinen segmentos entre el virus de la gripe humana con el virus de la gripe aviar o porcina. De hecho la zoonosis, es decir, la transmisión de una enfermedad de animales a humanos es una de las principales preocupaciones. Al respecto, el director del Centro de Coordinación de Alertas del Ministerio de Sanidad (CCAES), Fernando Simón, indicó el pasado mes de mayo durante el IV Congreso de Cooperación Internacional de la Organización Médica Colegial (OMS), que actualmente «el riesgo más importante» es el de la gripe aviar debido a «su gran expansión por el mundo animal». Además, sobre la posibilidad de que estalle una nueva pandemia ha explicado que no considera que se produzca de manera «inminente» y que es difícil de predecir cuándo podría ocurrir.

Según destaca el Ministerio de Sanidad, «La gripe aviar, en este momento, es una enfermedad animal que se transmite de ave a ave y, excepcionalmente, de ave a humano, pero no de forma «eficaz» de humano a humano.» Para que se pudiera transmitir entre humanos sería necesario que el virus mutara y que adquiriera esa capacidad, lo cual sí podría provocar una pandemia. Sin embargo, a pesar de que el contagio de aves a humanos no es algo común, la tasa de mortalidad en las personas contagiadas es del 50%, según indica el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.

Contacto directo y vectores

Entre los virus transmitidos por contacto directo destacan el ébola, el virus de Marburgo, el virus del Lassa y el virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, que causan brotes de fiebre hemorrágica viral. Según indica la OMS, los murciélagos son los hospedadores de los virus del ébola y de Marburgo, las ratas son las del virus del Lassa y las garrapatas y el ganado las de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. Una vez el virus salta a los humanos, estos pueden contagiar a otras personas mediante el contacto directo con secreciones corporales o con objetos contaminados. De ellos, los que cuentan con una mayor tasa de mortalidad son el ébola y el virus de Marburgo, con una media del 50% cada una de ellas.

Los virus transmitidos por vectores como los mosquitos también son una de las grandes preocupaciones para la comunidad científica. Según indica el virólogo Juan García Arriaza, las enfermedades virales como el dengue, el zika o la chikungunya, que son transmitidas por mosquitos, suelen darse en las zonas tropicales. Sin embargo, debido al cambio climático las zonas que tradicionalmente han sido templadas con el paso del tiempo se tornarán más calientes, lo que favorecerá la aparición de mosquitos. «Eso implica que países como España, que está en una franja de transición, con el tiempo tendrá un clima más caliente y será un nicho ecológico de mosquitos que obviamente van a ir asociados a transmitir virus que no existían tradicionalmente en Europa», explica el experto.

De hecho, según indica el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, el Aedes albopictus (mosquito tigre), que transmite los virus del dengue y de la chikungunya se está estableciendo más al norte del planeta y hacia el oeste de Europa. Arribó al continente en 2013 y actualmente se encuentra establecido en 337 regiones de 13 países, entre ellos España. Además, el mosquito Aedes aegypti, vector del virus del dengue, la fiebre amarilla, el chikungunya, el zika y el Nilo Occidental, «se ha establecido en Chipre desde 2022 y puede continuar propagándose a otros países europeos».

Presencia del mosquito Aedes albopictus en Europa en mayo de 2023.
Presencia del mosquito Aedes albopictus en Europa en mayo de 2023.

Factores de riesgo y vacunas

García Arriaza también recuerda que existen otros factores que aumentan la probabilidad de que se produzcan epidemias y pandemias en el futuro. En principio, se encuentra el hecho de que vivamos en un mundo globalizado y de que podamos viajar de un lado del planeta a otro en cuestión de horas; la gran cantidad de personas que viven en el mundo; la deforestación; el tráfico de animales; el hacinamiento en el que se vive en algunos puntos del mundo; y las grandes acumulaciones de animales como gallinas, ovejas y vacas, que son un nicho de cultivo para algunos virus.

No todas las enfermedades que se encuentra vigilando la OMS tienen vacunas autorizadas por las agencias reguladoras, aunque sí existen varias candidatas para muchas de estas enfermedades. Para enfermedades como el ébola la OMS ha aprobado dos vacunas para uso de emergencia. Sin embargo, según explica el virólogo la situación con otras vacunas como la del dengue es más complicada, «porque a veces la propia vacuna puede causar un efecto adverso». Por esta razón, considera que continuar la financiación de la investigación resulta fundamental, así como también la realización de ensayos clínicos en personas.

De hecho, explica que en el Centro Nacional de Biotecnología «hemos desarrollado candidatos a vacunas frente a varias de estas enfermedades como el ébola, el zika, el chikungunya y el SARS COV 2, que hemos demostrado en modelos animales». Con respecto a estos candidatos vacunales, el experto indica que «son muy efectivas» puesto que controlan la infección y activan el sistema inmunitario. Sin embargo, resulta necesario llevarlas a ensayos clínicos para poder demostrar que son seguras de cara a que puedan ser utilizadas como una «primera línea de ataque» contra posibles epidemias o pandemias.

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