Lo que parecía una oferta irresistible —un antivirus gratuito y confiable— escondía una práctica preocupante. Se ha descubierto que Avast, una de las compañías de ciberseguridad más populares del mundo, ha estado vendiendo los datos de navegación de sus usuarios a terceros mediante una empresa subsidiaria llamada Jumpshot.
Según investigaciones recientes, el software recopilaba información detallada sobre los hábitos de navegación de millones de personas —incluyendo búsquedas en Google, visitas a sitios web, clics y actividad en plataformas como YouTube o Amazon—. Estos datos, aunque «anonimizados», eran empaquetados y vendidos a grandes empresas de marketing y análisis comercial.
La revelación ha causado indignación entre expertos en privacidad digital y usuarios, que confiaban en Avast para protegerlos precisamente de ese tipo de prácticas invasivas. Aunque Avast defendió inicialmente que los datos eran tratados de forma anónima y con el consentimiento de los usuarios, la presión mediática y social llevó a la empresa a cerrar Jumpshot en 2020.
Este escándalo sirve como un recordatorio importante: cuando un producto es gratuito, a menudo el precio real son tus datos. La transparencia y la ética en el manejo de la información personal son hoy más necesarias que nunca en el ecosistema digital.























